
|
Vete al infierno / - Ese es el plan... #diablo3 @serviciodigital Esto lo dijimos 17/05/2012 |
No todas las personas están formadas de dos cucharadas de paciencia para ser freelance en un combate cara-cara con clientes. En 2008 comencé en Internet, un mundo del que había estado completamente desconectado desde cinco años atrás cuando tuve un efímero acercamiento. Abandonando la universidad por asuntos financieros, busqué las oportunidades en Internet. En un comienzo, las labores resultaban realmente novedosas. Crecí, compartí y empecé a dar los primeros pasos en el mundo de Internet. Empecé a jugar con la novedad tecnológica; migré a aplicaciones desconocidas; aprendí a hablar lenguajes informáticos nuevos y conocí los entresijos de la comunicación visual. Aprendí a ser creativo.
Finalmente, después de dos años, tenía que dejarlo ir, al menos de una manera parcial. He tenido éxitos en el trato directo particular-particular, fue divertido e hice un trabajo que me ayudaba a crecer desde el comienzo, a entender el lugar donde me estaba metiendo. He trabajado en grandes proyectos de una forma reservada y empresas e, incluso, he ganado dinero y regalos por ello. Pero no todo siempre era positivo.
El tiempo hace madurar, reflexionar y racionar el tiempo de una forma más eficiente. Divides tu tiempo como si se tratase de la manutención del mes o el pienso del perro. Poco a poco, empiezas a entender las ecuaciones que tienes frente a ti. He tomado elecciones erradas en el camino al no saber administrar esa variable dependiente y eso se traduce en dos años de falta de eficiencia pese a una buena supervivencia económica. Una de las elecciones equivocadas era desgastar el tiempo en actividades que no garantizaban el camino que planteaba seguir en el futuro próximo; ello conlleva al vivir apegado a ciertas condiciones que te alejan del equilibrio, una meta utópica e idealista en este rubro.
Los servicios creativos eran una herramienta de aprendizaje para acercarme con más intimidad a este entorno pero en el trato directo a veces no encuentras la estabilidad deseada. Así, te conviertes en el objeto de una noche de algún cliente y tan pronto como desaparece acabas en el olvido y a la deriva en busca de un bocadillo más.
Los servicios creativos tienen muchas ventajas. Conoces una fauna muy variada de clientes y siempre aprendes de ellos, lo bueno y lo malo; lo correcto e incorrecto. En esta selva digital es fácil entrar, todo lo que necesitas es un ordenador, acceso a Internet, tiempo y un poco de motivación. El café también ayuda a sacar el ‘fua’ interior.
La mayoría de creativos de diversas áreas trabajan 24/7 para dejar felices a sus clientes, algunos dedican más tiempo incluso que a sus parejas. Es importante tener contento al cliente, sino dejará la mesa sin pagar la cuenta y dejarás un feedback negativo. Eso plantea un problema: vendes tu tiempo, tu marca y tu disponibilidad, te guste o no, te apetezca trabajar o no en todo momento. El no estar disponible o el no tener tiempo para manejar diversos pedidos porque no resultan atractivos económica o vitalmente (medido en tiempo) provocará molestias.
Sin entrar en materia sobre ‘a qué precio’ vender la vida digital, es claro que una situación de disponibilidad para una gran cantidad de personas supone un sacrificio personal: matas tu vida personal para esclavizar tu vida digital. Te conviertes en un asesino en serie de los momentos de tu vida.
En este planteamiento de dicotomía, hay que tomar una elección sobre el camino que ofrezca las expectativas deseadas: más tiempo libre, más estabilidad y mejores condiciones de vida digital. Este camino no se hace de forma milagrosa.
Hay una razón por la que muchos creativos escasean de tiempo para trabajar en sus propias inversiones, no les importa su propio negocio porque no tienen el tiempo necesario para ello; no tienen tiempo porque lo han vendido a otros a cambio de subsistencia. La mala venta de ese tiempo genera una situación límite. Si vendes todo tu tiempo, vendes tu libertad.
En la actualidad, únicamente centro mis actividades y habilidades detrás de algunas agencias extranjeras que me plantean retos y desafíos diarios más allá de lo esperado. En cuanto a la parte más ociosa y divertida, me dedico a varios proyectos personales, experimentos web y algunas participaciones económicas como inversor anónimo en otros proyectos. Considero que trabajar detrás de algo -y no al frente- da ciertas garantías:
No debes preocuparte de todas las funciones. Se acabó el ser secretario de uno mismo, de tener que cargar con todo el peso del trabajo desde principio a fin. Hay un equipo colaborador que entiende tu sufrimiento y dolor, mucho dolor. Juegas en equipo.
No debes preocuparte de cómo el valor de tí mismo se proyecta en la marca. Externamente, no eres una persona y, aunque eso deshumaniza, por suerte hay humanos muy cordiales preparados para lidiar con todo tipo de situaciones y frustraciones cuya función es precisamente esa. Quien eres no importa en lo que haces y qué piensas no afecta a cómo es percibido el proyecto. Lo importante es la eficiencia y los resultados, no la mano que mece detrás – salvo que te dediques al comercio de ti mismo como mercancía.
En mi condición, el nombre no importa. Uno es la suma de todas las partes de aquello que representa que es más grande que sí mismo, siendo también una pieza indispensable para su constructo.
Nadie irá tras de tí. Salvo quien tú elijas, nadie irá a buscarte, ni teléfono, ni emails, ni zumbidos. No existes en el mapa, tú marcas el rumbo desde la comodidad de haber dejado de existir.
Abandonas el ego para ser uno más. Lo importante ya no es el propio individuo que trabaja sino la propia empresa que genera rentabilidad.
El mayor lujo y privilegio sigue siendo la oportunidad. Mientras, la compra de tu tiempo cuesta experiencia y conocimiento. Fin de trayecto, esta es mi parada y me bajo aquí.